Proyecto de referencia
Nota: Este artículo fue actualizado tras la suspensión del proyecto. El contenido describe el diseño y la planificación técnica desarrollados, aunque la infraestructura no fue ejecutada.
UN MODELO DE DISEÑO BASADO EN RIESGO Y ADAPTADO AL CONTEXTO LOCAL
El desarrollo del Laboratorio BSL-3 del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Chile Lo Aguirre brindó a BioLab Solutions la oportunidad de aplicar su filosofía central: que una infraestructura de bioseguridad efectiva en América Latina debe construirse sobre conocimiento local, diseño basado en riesgo y una responsabilidad que abarque todo el ciclo de vida.
Trabajando en estrecha colaboración con el SAG, BioLab lideró un enfoque que priorizó el riesgo medible, la capacidad constructiva local y la operatividad a largo plazo por encima de modelos importados. Cada decisión de diseño se evaluó a la luz de cuatro principios rectores:
- Diseño basado en riesgo: arquitectura e ingeniería guiadas por evaluaciones cuantitativas del riesgo.
- Tecnología apropiada: sistemas de contención que cumplen con normas internacionales y pueden mantenerse con experiencia y cadenas de suministro locales.
- Desarrollo de capacidades locales: participación activa de especialistas del SAG en todas las etapas de diseño y validación.
- Integración del ciclo de vida: equilibrio entre desempeño, costo, mantenimiento y sostenibilidad desde el concepto hasta la operación.
Gracias a esta colaboración, el proyecto se planteó como una demostración de cómo Chile podría planificar, ejecutar y sostener laboratorios de contención avanzada bajo sus propios términos. También refleja la misión más amplia de BioLab: transformar el diseño técnico en una capacidad institucional duradera.
Resiliencia institucional y soberanía científica
El proyecto SAG – Lo Aguirre BSL-3 fue concebido como un paso decisivo en el fortalecimiento de la capacidad pública de Chile para proteger y mejorar la condición fito y zoosanitaria de los recursos productivos, así como conservar los recursos naturales renovables del sector forestal y agropecuario del país. Esto se lograría mediante el control de insumos y productos, y la elaboración, actualización y aplicación de la normativa vigente para personas y entidades vinculadas al Servicio, contribuyendo al desarrollo sostenible y competitivo con enfoque de género a través de la ciencia.
El proyecto fue diseñado para integrar política, infraestructura y conocimiento especializado en un sistema nacional único, orientado a la autosuficiencia a largo plazo. Al plantear el desarrollo de una instalación de alta contención dentro de la red del SAG, el diseño estaba orientado a permitir que el trabajo diagnóstico y de vigilancia de patógenos de alto riesgo pudiera realizarse completamente bajo supervisión nacional, sin depender de laboratorios externos ni de validaciones extranjeras.
En conjunto con el SAG, BioLab Solutions tradujo estos objetivos de política en un marco técnico que unifica las funciones regulatorias, diagnósticas y de bioseguridad. El proyecto buscaba consolidar el papel del SAG como autoridad tanto reguladora como técnica. El laboratorio fue diseñado para respaldar un conjunto completo de funciones diagnósticas —virología, bacteriología, parasitología y patología— integrándose directamente en el sistema de gestión de calidad acreditado bajo la norma ISO 17025. Esta estructura estaba concebida para garantizar que los resultados analíticos fueran científicamente confiables, trazables y defendibles ante las normas internacionales de comercio y sanidad.
La resiliencia institucional se planteó como resultado de la estandarización y la coordinación. El diseño, la documentación y los procedimientos operativos desarrollados para SAG – Lo Aguirre constituyen un modelo replicable para la red ampliada de laboratorios SAG en todo Chile. Protocolos compartidos para la recepción de muestras, la verificación de contención, la gestión de bioseguridad y la respuesta ante emergencias generarían coherencia y reducirían vulnerabilidades. Con la orientación de BioLab, este trabajo técnico se planteó también como un proceso de reforma organizacional, orientado a fortalecer los sistemas de datos, las estructuras de reporte y las herramientas de gestión que respaldarían futuras modernizaciones.
La inversión estaba orientada a reforzar la capacidad de Chile para gestionar emergencias. Con la posibilidad de realizar pruebas rápidas y confirmar enfermedades animales o zoonóticas como influenza aviar, brucelosis o fiebre aftosa, el SAG adquiriría la agilidad necesaria para la detección temprana, el control y la notificación internacional. Esta autonomía tendría implicaciones directas para la continuidad del comercio y la confianza pública. En síntesis, SAG – Lo Aguirre ilustra cómo la infraestructura puede funcionar como una herramienta de política pública, integrando la competencia científica dentro del Estado.
Integración de diseño: arquitectura, riesgo y desempeño
El laboratorio BSL-3 SAG – Lo Aguirre fue diseñado mediante un proceso integrado que vincula arquitectura, ingeniería, bioseguridad y operaciones. En lugar de desarrollar estas áreas por separado, el equipo las trabajó en paralelo para que cada decisión pudiera evaluarse según su impacto en la seguridad, la funcionalidad y el desempeño a largo plazo. Esta integración buscaba garantizar que la instalación final no solo cumpliera con la normativa, sino que también fuera eficiente, mantenible y verificable con el tiempo.
Siguiendo la metodología de diseño basado en riesgo de BioLab, la organización espacial responde a la lógica de la contención. Los laboratorios, esclusas y áreas de apoyo se disponen de modo que se preserve el flujo de aire direccional y la separación física entre zonas limpias y contaminadas. Los diferenciales de presión entre salas —que varían aproximadamente de –12.5 Pa a –37.5 Pa— se mantendrían mediante sistemas de ventilación redundantes y monitoreo continuo.
A escala de red, el concepto modular crearía un estándar nacional reproducible. Al utilizar dimensiones, materiales y detalles de interfaz consistentes, el SAG podría replicar unidades de laboratorio en otras regiones, manteniendo un desempeño uniforme y simplificando la capacitación, el mantenimiento y la certificación. Para BioLab, esta escalabilidad representa una forma de fortalecimiento local: un modelo estandarizado pero adaptable que permitiría a Chile ampliar su infraestructura de bioseguridad de manera sostenible e independiente.
La sostenibilidad como estrategia operativa
La sostenibilidad en el proyecto SAG – Lo Aguirre se aborda como un requisito técnico y operativo, directamente vinculado con la seguridad, la confiabilidad y el control de costos. El diseño integra la eficiencia energética, hídrica y de materiales desde las primeras etapas de planificación, apoyando las políticas nacionales de energía y cambio climático de Chile sin comprometer el desempeño de contención.
En coherencia con la filosofía de BioLab basada en el ciclo de vida, la eficiencia energética comienza con la envolvente del edificio. Paneles aislantes de alto rendimiento y juntas herméticas fueron especificados para minimizar las pérdidas de calor y la infiltración. La fachada norte incorpora vidrio fotovoltaico (BIPV), mientras que las fachadas este y oeste integran paneles solares a modo de parasoles, complementados con paneles fotovoltaicos en la cubierta orientados según la geometría solar local. Se estima que estos sistemas generarían alrededor de 139 MWh de energía renovable al año, superando el consumo modelado de 128 MWh, lo que hace técnicamente viable, a nivel de diseño, una operación con balance energético positivo.
El diseño mecánico y eléctrico refuerza este enfoque. Los sistemas HVAC electrificados fueron diseñados para emplear variadores de frecuencia y ventilación controlada por demanda por medio de válvulas de control de aire para ajustar los recambios de aire por hora según la ocupación, manteniendo los diferenciales de presión. En cuanto a la recuperación de calor, no se contemplan ruedas entálpicas (ERV) debido al riesgo de contaminación cruzada en laboratorios BSL-3; en su lugar, se considera el uso de circuitos cerrados de bobinas (agua/glicol) o tubos de calor remotos (solo sensibles). La iluminación LED con sensores de luz natural reduce la carga eléctrica. La automatización del edificio fue concebida para registrar el desempeño de manera continua, proporcionando datos para la optimización y el cumplimiento de la norma ISO 50001 de gestión energética.
La gestión del agua es igualmente prioritaria dada la sequía persistente en la región. Todos los efluentes de las áreas de contención fueron diseñados para pasar por un sistema dedicado de descontaminación, garantizando la seguridad biológica antes del vertido. Debido a la naturaleza de alta contención del laboratorio, las aguas grises de duchas y lavabos no se reutilizan; en su lugar, los sistemas de captación pluvial proveen un suministro no potable para limpieza y riego. Los procesos de autoclave y esterilización fueron diseñados para optimizar tanto el consumo de agua como el de energía por ciclo.
La selección de materiales privilegia la durabilidad, las bajas emisiones y la reducción del carbono incorporado. El uso de acero reciclado, selladores no tóxicos y recubrimientos de bajas emisiones de compuestos orgánicos volátiles (VOC) favorece condiciones interiores saludables y una larga vida útil. La construcción y la operación fueron concebidas para seguir los principios de la Certificación Edificio Sustentable (CES) y de LEED Zero Carbon, alineando la instalación con los objetivos nacionales de carbono neutralidad.
En la práctica, este enfoque ilustra que los laboratorios de alta contención pueden alcanzar un desempeño ambiental comparable al de otros edificios avanzados. Para BioLab, la sostenibilidad no es un objetivo paralelo, sino una condición operativa: garantiza que la contención, el costo y la responsabilidad ambiental permanezcan alineados a lo largo del ciclo de vida de la instalación.
Proceso participativo y gobernanza colaborativa
El desarrollo del proyecto SAG – Lo Aguirre se guió por un proceso intensivo de colaboración entre especialistas del SAG, arquitectos, ingenieros y asesores externos. Este proceso fue tan importante como los resultados técnicos alcanzados. A través de una serie de reuniones estructuradas, tanto virtuales como presenciales, el equipo estableció una comprensión compartida de los objetivos, las limitaciones y los requisitos técnicos, creando una base sólida para decisiones coherentes.
Las reuniones virtuales iniciales definieron el alcance, el marco normativo y las expectativas de desempeño del nuevo laboratorio. Aclararon cómo el proyecto se alinearía con la misión institucional del SAG, las normas nacionales y las directrices internacionales de bioseguridad. Estas sesiones construyeron un lenguaje común y fijaron parámetros claros para el diseño y la evaluación.
Las reuniones presenciales y la visita al sitio tradujeron estos conceptos en observaciones concretas. Los equipos revisaron las instalaciones existentes, evaluaron las capacidades de infraestructura y servicios, y verificaron las condiciones ambientales y logísticas en terreno. Este contacto directo aseguró que el diseño posterior se basara en datos precisos y comprensión de primera mano, no en supuestos.
Los talleres realizados durante la visita resultaron especialmente productivos. Usuarios, oficiales de seguridad y diseñadores trabajaron juntos para mapear los flujos de materiales y personal, definir requerimientos espaciales y revisar rutinas de mantenimiento y operación. Esta colaboración permitió anticipar problemas —como maniobrabilidad de equipos, acceso a autoclaves o necesidades de almacenamiento— reduciendo el riesgo de revisiones posteriores.
El proceso también cumplió una función institucional más amplia. Al participar directamente en las discusiones técnicas y en las evaluaciones de riesgo, el personal del SAG fortaleció su capacidad interna para gestionar proyectos complejos de diseño y construcción. BioLab Solutions facilitó este enfoque participativo, asegurando una transferencia de conocimiento continua durante todo el ciclo de diseño. La experiencia sentó las bases para un modelo de toma de decisiones donde la participación multidisciplinaria y la documentación transparente serían prácticas habituales.
En última instancia, el proceso de trabajo estableció un modelo de gobernanza colaborativa que refleja cómo operaría el laboratorio en su configuración diseñada: interdisciplinario, basado en evidencia y con rendición de cuentas. Ilustra que el diseño efectivo de infraestructura especializada depende tanto de la comunicación y la coordinación como del conocimiento técnico. El proyecto SAG – Lo Aguirre deja así no solo un marco de trabajo, sino también un método que muestra cómo Chile podría planificar y ejecutar instalaciones de bioseguridad complejas en el futuro.
Una plataforma para una capacidad local duradera
En conjunto, estos cinco ejes describen un proyecto diseñado para unir salud pública, autonomía científica y diseño sostenible. El laboratorio BSL-3 SAG – Lo Aguirre no es solo una propuesta de instalación de alta contención: es una plataforma conceptual para el desarrollo institucional a largo plazo, que combina estándares técnicos rigurosos, responsabilidad ambiental y gobernanza colaborativa para fortalecer la capacidad de Chile en bioseguridad y excelencia diagnóstica.
Para BioLab Solutions, también constituye una demostración de que, cuando el análisis de riesgo, la tecnología apropiada y la visión de ciclo de vida se aplican de manera coherente, la infraestructura puede convertirse en un verdadero instrumento de capacidad —uno que podría perdurar mucho más allá de su construcción.









