En una publicación de la semana pasada, sugerí que los niveles de bioseguridad operan como un discurso, en el sentido de que contribuyen a crear y estabilizar significados compartidos, y que este discurso sigue estructurando la bioseguridad en la medida en que la gobernanza depende, de maneras muy prácticas, de esos significados acordados para operar. Retomando esa idea, he estado pensando en dónde se ubica el razonamiento basado en riesgos dentro de los marcos institucionales de toma de decisiones, y qué le permite hacer esa ubicación.
En principio, se supone que el análisis basado en riesgos debe informar las decisiones de contención desde el inicio. Solo mediante una revisión cuidadosa y específica del trabajo que se llevará a cabo en un laboratorio en planificación es posible hablar de manera significativa sobre contención. Las estrategias para mitigar un riesgo definido informan el alcance, el diseño y la viabilidad. En ese sentido, el análisis de riesgos se convierte en un insumo de diseño que, idealmente, se sitúa aguas arriba de muchas de las decisiones que determinan qué tipo de laboratorios se construyen y cómo operan.
Al mismo tiempo, muchos mecanismos de gobernanza y revisión dependen de los significados de sentido común y de las categorías que produce el discurso de los “niveles”. Las preguntas sobre si un laboratorio propuesto puede clasificarse como BSL-3, si se requiere alta contención, o si un proyecto encaja dentro de una clase predefinida no son neutrales. Las respuestas van más allá de la mera recopilación de información. Estas preguntas funcionan como puertas de entrada o filtros, y sus respuestas determinan la elegibilidad para financiamiento, establecen rutas de revisión, fijan expectativas y delimitan qué líneas de discusión están institucionalmente disponibles. A pesar del reconocimiento de que el análisis de riesgos es fundamental, el lenguaje de los niveles es estable, familiar y compartido: hace que las decisiones sean racionales, previsibles y duraderas.
Desde una perspectiva de gobernanza, estas preguntas necesitan plantearse y resolverse en etapas tempranas del proceso de planificación de un laboratorio por su función de control de acceso. Aunque, desde el punto de vista lógico, la pregunta sobre qué estrategia de contención se requiere en una situación determinada solo puede responderse mediante un análisis de riesgos, en la práctica el análisis basado en riesgos es desplazado hacia etapas posteriores, una vez que las preguntas de clasificación ya han sido respondidas. El análisis puede seguir siendo cuidadoso y técnicamente riguroso. Pero se realiza dentro de un contexto definido por límites que no contribuyó a establecer. Su papel pasa de orientar decisiones fundamentales a refinar elecciones que, en aspectos importantes, ya han sido tomadas.
¿Una evaluación de riesgos que entra cuando las cartas ya están repartidas?
